domingo, 27 de marzo de 2011

Adiós a Elizabeth Taylor

Hemos tardado en escribir esta entrada porque nos negábamos a aceptar públicamente que había fallecido uno de los grandes mitos de Hollywood y no se trata precisamente de uno menor, de un secundario en aquella luminaria de la Metro, ni siquiera uno de los más longevos, ahí están Olivia de Havilland y su hermana Joan Fontaine o Kirk Douglas... No, Elizabeth Taylor tenía 79 años, no demasiados si nos fijamos en la esperanza de vida actual. Quizás algunos pensaran que era mayor por que habíamos crecido con ella. Desde aquella primera película de Lassie ("La cadena invisible") o aquella otra con Mickey Rooney y un bello ejemplar equino, "National Velvet", donde tuvo un accidente que dañaría su espalda de por vida, dolores que se fueron acrecentando con el tiempo y que contribuyeron a esa mala salud que minaba sus fuerzas desde bien joven.
De los ingenuos papeles en "Mujercitas" o "El padre de la novia" le costó desprenderse, fue con "Un lugar en el sol" cuando consiguió iniciar una nueva etapa en su carrera y en su propia vida personal porque allí conoció a Montgomery Clift, un amor reconvertido en amistad por razones obvias. Cinco años más tarde protagonizó "Gigante" junto a James Dean y Rock Hudson, dos ídolos de jovencitas con doble vida que se odiaban mutuamente y entre los que intentaba instaurar la paz Liz sin éxito. En 1957 llegó aquel intento de revivir "Lo que el viento se llevó", "El árbol de la vida" que la unió de nuevo a su adorado Monty. El film no tuvo la taquilla deseada pero ella fue nominada a los Oscar por primera vez y eso suponía que la industria empezaba a aceptarla como una actriz y no como una belleza de ojos de color indefinible (¿violetas? quizás...).
Los dos años siguientes la relacionaron indefectiblemente y por siempre a Tenessee Williams con "La gata sobre el tejado de zinc" y "De repente el último verano" (una vez más Monty a su vera). Nominaciones a los Oscar y a los BAFTA además de un Globo de Oro. 1960, "La mujer marcada", papel de una prostituta de lujo que le otorga su primer premio de la Academia. Ya era oficial, la Taylor es actriz.

En 1963 interpreta a Cleopatra, un papel que no quería pero que se vió obligada a aceptar cuando la 20th aceptó su exigencia de un millón de dolares, algo que había soltado simplemente para que la dejaran en paz. En su día fue un fracaso aunque hoy, con el remontaje, podemos percibir una grandísima obra y, al menos, sirvió para que conociera a Richard Burton e iniciaran aquella relación amor-odio que duraría toda su vida. Sobre sus matrimonios hemos oído de todo, viuda joven de un productor de éxito, robo del marido de su mejor amiga (Debbie Reynolds), matrimonio breve con un carpintero... pero siempre estaba Burton, el hombre de la voz profunda.
Tras el fracaso de "Cleopatra" intentó reforzar su fama de intérprete de calidad aceptando roles muy arriesgados. Con "¿Quién teme a Virginia Wolf?" llegó su segundo Oscar pero también una importante crisis con Richard.
Los 70 la vieron deambular por películas como "El pájaro azul" y los 80 por series como "Norte y Sur". Se despidió del cine con "Los Picapiedra" (1994) y de la televisión con "These Old Broads" (2001) dirigida por Carrie Fisher (Leia en "Star Wars), hija de Debbie Reynolds que también aparecía en la cinta.

Elizabeth Taylor estaba prácticamente desaparecida de la vida pública. Llevaba un par de meses ingresada y no por esperada su muerte ha sido menos sorprendente. Esperábamos que se recuperara, una vez más, de sus achaques para saber que el Hollywood dorado seguía ahí, representado en una auténtica diva indomable.

MACÍAS

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